“La vida en todo su esplendor es la Madre Naturaleza obedecida.” – Dr. Weston A. Price 

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Si te has embarcado en este camino Pachamamista con nosotros, es probable que ya sepas que el Dr. Weston A. Price es la inspiración para este blog y este movimiento. 

El Dr. Price fue dentista al principio de siglo veinte.  En su consultorio, él fue testigo de la degeneración de la salud humana; observó que la segunda generación de sus pacientes era menos saludables que sus papás (la primera generación) tanto en salud dental como física.

Al jubilarse de su consultorio, el Dr. Price empezó un viaje de diez años alrededor del mundo, un logro asombroso dado que viajó en los años treinta.  Su gran misión fue estudiar las culturas indígenas y su salud, reconociendo que quizás ellos tuvieran la sabiduría para invertir la degeneración en salud que había observado entre la gente moderna de los países supuestamente “desarrollados.” 

Su primera parada en su tour global le llevó a Suiza.  Puedes leer de sus increíbles observaciones de la gente de los Alpes Suizos aquí.

Ahora, exploraremos el monte árido de Australia, el lugar de origen de la raza más antigua del mundo, los Aborígenes.  

¡Vámonos!


El Dr. Weston A. Price llegó a Australia en 1936 para estudiar la gente indígena de ese continente tan enorme y aislado.  Escribió en su libro que los nativos aborígenes “eran de interés especial porque vienen de un pasado muy distante” (146), luego en el capítulo anota que ellos son “la única gente viviendo hoy en la Tierra que pueda ser de (una de las) primeras razas de la humanidad (164). 

Lo que encontró era a la vez extraordinario y aterrador; extraordinario porque los Aborígenes prosperaron por miles de años bajo condiciones ambientales muy extremas y aterrador al ver la rapidez con la esa gente perdió su salud y vitalidad adoptando una dieta moderna.

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La vida en el monte

Australia, hace mucho tiempo conectado con la masa terrestre de Asia, se aisló cuando se sumergió en el océano el puente que conectaba esas dos tierras.  Especies de animales, que alguna vez quizás habitara a muchas partes del mundo, fueron aislados en esa isla masiva y hoy en día Australia sigue teniendo una biodiversidad muy única lo cuál lo hace un lugar fascinante para estudiar allí la relación humana con la Madre Tierra.

Según el Dr. Price, mas del 50% del terreno australiano recibe sólo 25 centímetros o menos de lluvia cada año.  En el monte de Australia con tan poca lluvia, el cultivo de plantas era casi imposible. Esto mantenía a los Aborígenes como cazadores-recolectores hasta los tiempos modernos.  

Los Aborígenes se convirtieron en maestros del arte de vivir, sobreviviendo “una existencia vigorosa” en los distritos dónde los extranjeros blancos que llegaron no consiguieron vivir por las condiciones ambientales tan duras (148).

Los Aborígenes eran cazadores y rastreadores excelentes.  Dijo el Dr. Price que tenían ellos la vista mucho más afinada que el hombre moderno, “que pueden ver los satélites de Júpiter, los cuales el hombre blanco sólo puede ver con la ayuda de un telescopio durante el eclipse de una de las estrellas” (152).

Necesitaban estas habilidades de vista y rastreo para cazar y recolector los alimentos tradicionales del monte, que incluían (165-166)……..  

  • Raíces, tallos, hojas, bayas, y semillas de yerbas
  • Grandes animales terrestres como el canguro y el ualabí
  • Pequeños animales terrestres como los roedores, los insectos, los escarabajos, los larva, y los pájaros (y sus huevos)

Había una gran diferencia entre la gente Aborígene criada en el monte y la que fue criada en las misiones religiosas de los blancos.

Los colonos blancos que vivían en las mismas condiciones ambientales y climáticos que la población nativa NO estaba prosperando.  El Dr. Price creyó que eso fue directamente relacionado con su consumo de alimentos procesados en vez de alimentos más tradicionales y nutritivos.

Igual que sus estudios en otras partes del mundo, en Australia al Dr. Price le interesó mucho esa diferencia de salud entre la gente blanca y indígena que comían una dieta moderna y los Aborígenes todavía siguiendo las tradiciones alimenticias de sus ancestros. 

Un ejemplo particularmente sorprendente, el Dr. Price describe su contacto con una tripulación de 18 marineros.  

  • 13 de ellos habían sido criados tradicionalmente en el monte.  Ni siquiera 1 de sus 364 dientes fueron afectados por caries, y ninguno de los hombres presentaba deformidad de los arcos dentales. 
  • Los otros 5 hombres habían sido criados en misiones religiosas bajo el cuidado de colonos blancos.  19.3% de los 140 dientes padecían de caries.  40% de estos hombres presentaba deformidad de los arcos dentales (estrechamiento de la cara y por ende, del organismo entero).

“Debe ser un tema no solamente de preocupación sino de ALARMA profunda de que los seres humanos puedan tan rápido degenerar físicamente por el uso de cierto tipo de nutrición, particularmente los productos alimentarios usados por la civilización moderna.”

El Dr. Price nos está rogando que retornemos a nuestras raíces en el campo y en la cocina. 

En su viaje, el Dr. Price conoció a un australiano Aborígene que fue criado con alimentos modernos y luego educado por los extranjeros blancos para ser nutricionista.  Escribe con humor en su libro queEs de mucho interés que mientras los nativos Aborígenes tenían los dientes relativamente perfectos, este hombre que fue educado en nutrición por los blancos había perdido casi todos sus dientes por las caries y piorrea” (160).

Además, “Es notable y debe ser uno de los hechos mas desafiantes para nuestra moderna civilización, que las razas primitivas como los Aborígenes de Australia, han reproducido generación tras generación por muchos siglos – nadie sabe por cuántos miles de años – sin el desarrollo de una cantidad conspicua de irregularidades de los arcos dentales.  Pero que en la siguiente generación después de adoptar los alimentos del hombre blanco, un gran porcentaje de los niños desarrolló irregularidades de los arcos dentales (estrechamiento del rostro) con deformidades faciales conspicuos” (155). 

Para concluir 

De las observaciones del Dr. Price, es obvio que los Aborígenes tenían las cosas bien claras acerca de la mejor manera de vivir en su ambiente y clima.  A la vez, es muy obvio que el cambio radical que ocurrió cuando la gente fue forzada a trasladarse a las misiones y a cambiar su estilo de vida, ha debilitado la vitalidad de su raza. 

Una de las muchas bendiciones del trabajo del Dr. Price es que incluye TANTAS fotos maravillosas en su libro.  Si ver es creer, entonces cualquier persona que abra una copia de Nutrition and Physical Degeneration (Nutrición y Degeneración Física), se convertirá en un creyente del poder nutritivo y vital de las dietas tradicionales. 

En estas fotos puedes ver las caries de la gente que había cambiado su dieta.  Francamente, sus dientes parecen horribles, y es difícil entender desde la perspectiva moderna que tan doloroso hubiera sido tener tantas caries sin poder acceder a la intervención médica.

Y eso es el punto de todo.

Quizás nosotros no pensemos que las caries sean tan malas porque para muchos de nosotros es tan fácil ahora irnos al dentista, que nos pongan un empaste.  Saltamos del dolor y sufrimiento de tener caries a largo plazo, eventualmente resultando en la pérdida de los dientes afectados.  Pero SÍ son malas.  Tener una caries ES UN PROBLEMA grave para el organismo.

Nuestro estado de salud actual (lo cual es lamentable) ha sido cubierto por la tecnología.  En vez de usar la tecnología en nuestro favor para la prevención de las enfermedades crónicas y degenerativas, la utilizamos para enmascarar desesperadamente los efectos degenerativos que ha tenido la dieta moderna en el cuerpo humano.

Es sólo cuestión de tiempo hasta que se rompa la burbuja; el sistema médico moderno no será suficiente para cubrir todo el daño que ha causada nuestro alejamiento de las tradiciones ancestrales en campo y cocina.

El libro del Dr. Price es una llamada a la acción.  Que nos pide mirar hacia el pasado, a las vidas de nuestros ancestros, para honrar, recordar, y compartir su sabiduría. 

Otra vez me siento inspirada por sus palabras.  Espero que sean igual de inspiradoras para ti.

Katita